Recuerdos de Italia y arqueología sentimental
Acabo de leer la entrada de Samuel sobre Italia en la que menciona un comentario mío y me ha despertado bastantes recuerdos.
El comentario en cuestión es "En cualquier caso, quien no te quiere no te merece", una afirmación de la que estoy plenamente convencido. Lo que quiero decir con esto es que todos somos dignos de ser queridos, que aquello de "Dios mío, como alguien tan ultrasupermaravilloso va siquiera mirarme, mucho menos sentir algo por mi" es un fruto de nuestra inseguridad y una trampa para autocompadecernos. Todos nos merecemos que nos quieran y que nos correspondan, y si haces todo lo que está en tu mano y la otra persona no te responde, o incluso peor, te desprecia, quiere decir que esa persona no es adecuada para ti. Resumiendo, si quieres a alguien, demuéstraselo, pero una vez lo hallas intentado todo, si no eres correspondido sigue adelante, por difícil que sea, y encontrarás a alguien que de verdad sea para ti.
Con respecto a Italia... también fue un viaje de bachillerato, es curioso que estas cosas nos pasen a todos en las mismas circunstancias. Yo era un chaval inseguro y un tanto tímido, y él era mi mejor amigo. Siempre tenía una broma o un chiste surrealista preparado, siempre sonreía y siempre me sorprendía su desbordante imaginación. Siempre nos sentábamos juntos en clase. ¡Mi cuaderno de latín estaba lleno de sus bromas, poesías y chistes! No necesitábamos hablar para comunicarnos ciertas cosas y entre los dos había un lazo muy especial. Ah, se me olvidaba... Era hetero. O al menos eso creía yo.
El caso es que por aquella época yo estaba hecho un lío. Mi sexualidad era una madeja de confusión, negación y sentimiento de culpa. Me gustaban ciertas chicas, pero me atraían más algunos chicos. Y yo me negaba a reconocerlo. De hecho creo que me enamoré de una chica de mi grupo de amigos. Al poco tiempo esta chica empezó a salir con mi amigo. Estábamos todos en el cine viendo una peli cuando ellos se empezaron a besar.
Yo estaba sentado a su lado y me quería morir.
Mucho tiempo y tras un largo periodo para reconocer lo que estaba pasando dentro de mi, decidí que no podía resistirlo más... Tenía que decírselo o iba a explotar. De hecho ya le había dicho que estaba en cierto modo pillado de su novia, y que también lo estaba de otra persona (siiii, ya lo se, es como 2 y 2 son 4, pero es que a esas edades todo es más inocente!).
Así que finalmente en el viaje de 3º de BUP a Italia decidí hacerlo. Todos los días me prometía a mi mismo decírselo y todos los días me acobardaba. Al final, cuando estábamos ya de vuelta para España hicimos una parada en un pueblo barcelonés. Los dos fuimos a dar un paseo solos por la playa. Me armé de valor y solté la avalancha: "Bueno, ya sabes que estoy enamorado de dos personas, y que una de ellas es tu novia… Pues bien, la otra eres tú". ¡Toma ya! ¡Se dice pronto! ;-)
Se lo tomó bastante bien, según él algo se olía (¡menos mal Sherlock!). En fin, que parecía que lo aceptaba. Si, parecía.
Volvimos al colegio y empezaron las clases, durante meses, él no se volvió a sentar a mi lado y evitaba hablar conmigo. Yo me quedé solo, con sus chistes y comentarios en mi cuaderno de latín.
Me temo que continuará ;-)

