Summum ius summa iniuria
Llevo día y medio de un lado para otro... casi sin pasar por casa.
Justo antes de la fiesta, Isaac (el castor), me pidió que si le podía acompañar a él y a un amigo común a comisaría, que nuestro amigo tenía que ir a declarar y que se sentiría más seguro si un abogado (ese soy yo, aunque ni yo me lo crea) les acompañaba.
No entraré en detalles porque no me parece de buen gusto, pero digamos que la ineptitud y la homofobia hicieron que algo que era un mero trámite, fastidioso, pero un trámite al fin y al cabo, se convirtiese una pesadilla.
Nuestro amigo fue detenido e incomunicado fulminantemente, y nosotros pasamos todo el día y parte del siguiente de un lado para otro intentando hacer algo... ¡Incluso presentamos un Habeas Corpus contra su detención!
Hoy todo ha vuelto a sus cauces normales y nuestro amigo ha sido puesto en libertad. La cordura parece que se va a imponer, aunque nadie puede devolverle la noche de angustia e impotencia que pasó en un calabozo sin tener ningún tipo de comunicación con el mundo exterior.
Irregularidades hay por todas partes: para empezar no se daban los requisitos legales para la detención; para continuar, parece que la incomunicación no la había decretado juez alguno; y lo que ya es de risa es que al ver que la denuncia contra el no tenía base, decidiesen investigarle por tráfico de pornografia infantil. Simplemente porque es gay y tiene una página web.
Inaudito.
He llegado a casa y me he puesto "Testigo de cargo". Una película deliciosa, con una Marlene Dietrich que se sale de la pantalla, en la que la Justicia termina victoriosa, aunque sea por caminos tortuosos. ¡Qué distinta es de la realidad!
Que mi mundo y el policial nunca entren en contacto.
Por favor.
