Náusea
No te conozco ni quiero conocerte y en eso en parte consiste el juego. Charlamos, da igual sobre qué, ambos sabemos qué es lo que viene después y que esto no es más que un torpe preludio. Surgen frases que no llegan a ser sentidas, silencios que no llegan a incomodar.
Otro silencio más y el siguiente paso del baile nos llevará el uno contra el otro.
El primer beso es suave y corto, como quien prueba el agua antes de zambullirse. No importa que sea un grosero insulto a lo que debería ser, surte efecto: poco a poco la sangre llena mi sexo y el ritmo se acelera.
Tú te dejas llevar como un animal borracho y henchido.
Yo no. Yo controlo dada una de tus mareas, provoco cada de una de tus toscas reacciones. Cabalgo tu excitación como un jinete la montura espoleada bajo sus botas.
Y, por fin, llega el orgasmo. Corto, esperado y burdo.
Durante un breve segundo escapo. Un vacío blanco y suave.
Tu contacto me devuelve a la puta realidad.
El roce de tu piel me asquea. ¡Deja de ensuciarme de una jodida vez! ¡Desaparece YA!
Sé que es poco "yo", pero no todas las veces que uno habla lo hace por su boca.
