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Febrero 27, 2004

Esta mañana, cuando he salido de casa hacia la biblioteca, nevaba en Madrid.

La nieve en esta ciudad negra es una de esas cosas que parecen preciosas en teoría, como esas bolas de cristal que se agitan, pero que, en la práctica, si tiene algún parecido con la realidad es por pura coincidencia y más bien se asemeja a un granizado de mierda y fango.

Y como no voy a ser yo quien desafié a la realidad hoy, al menos no con este frió, y mañana tengo que madrugar otra vez, me parece que me voy a hacer un buen chocolate caliente, me voy a poner buena música y me voy a dedicar a estudiar un ratito (sin pasarse).

Febrero 24, 2004

Y de nuevo un tiempo muerto en la biblioteca: está aquí, a mi derecha, ahogándose en un charco de sangre. Creo que se ha cortado las venas con el vidrio de un reloj de arena.

Pero no os preocupéis, que no me he puesto a fantasear de nuevo delante de mis apuntes. Mi ración de fantasías sexuales ya la he tenido esta mañana en el metro, cuando, emparedado entre los abrigos gris marengo del gentío de Madrid, mi cabeza soñaba infidelidades con una pantalla de cine como telón de fondo.

Y sé que llevo mucho tiempo sin escribir, pero es que mi vida ha entrado en un periodo de serenidad, y la serenidad muchas veces se da de hostias con la creatividad.

Así que haré mía la máxima aquella de "si no sabes que postear, pon una foto" y aprovechando que estamos en época de máscaras, me quitaré la mía... Aunque más de alguno ya me haya visto sin ella.


Febrero 17, 2004

Este domingo terminé la segunda prueba de la oposición. Estaba contento y con ganas de disfrutar esa felicidad con mis amigos, pero no conseguí sacar a ninguno de su sopor dominical. Al final me fui al cine a ver "Lost in Traslation".

Tengo una escena grabada: una conversación telefónica. Al otro extremo del hilo, distante, alguien a quien quisiste. A quien te gustaría seguir queriendo. Buscas un poco de complicidad, de intimidad, pero del otro lado solo te llegan palabras tiradas como quien echa una moneda sobre un mostrador. Entonces te dicen:

- ¿Hablamos en otro momento?
- Vale, no pasa nada - respondes.

Mentiroso.

O tal vez cobarde.

Febrero 15, 2004

Vivo en una ciudad en la que no se ven las estrellas.

Pero no me importa porque sé que, detrás de una densa capa de polución, ellas brillan para mí.

Febrero 13, 2004

Escribo esto en la biblioteca 24 horas de la Autónoma. Cansado de estudiar y con una peligrosa e intoxicante sensación de seguridad en mi mismo sobre mi examen de mañana.

El sol de invierno inunda l sala desde las cristaleras, unos cuantos restos de universitarios repasan el que deber ser su último examen, una chica murmura en voz baja memorizando sus temas y yo... Yo soy incapaz de ponerme con el Tratado de Niza.

En vez de eso no hago más que imaginarme como de una brazada tiro al suelo ese bolso de Pucca y ese juego de subrayadores, como empujo a ese otro sin rostro sobre la mesa mientras me lleno la boca con la suya y, sin que los aplicados estudiantes levanten siquiera la mirada de sus apuntes de semiótica, le hago el amor contra la dura tabla de madera de la mesa.

Después vuelve el silencio a la sala.

Y claro, luego abro los ojos, pero eso es lo de menos.

Por cierto, ayer hizo un año que empecé a escribir en ésta página (mentira, empecé año y medio… pero digamos que tuve un aborto), así que… ¡Feliz blog cumpleaños! ¿Para mí? ¡Para tú!

Febrero 11, 2004

Hay palabras que a veces es mejor no decir.

Si no van alimentar una relación ni van a suponer un alivio para aquél de cuyos labios escapan: para qué pronunciarlas.

Si no van a dar fruto, si son vírgenes estériles: para qué dejarlas huir.

Y hay que echar tierra sobre ellas y esperar que, después de que el viento y la lluvia desgasten su tumba, de aquellas palabras no natas germine alguna mala hierba, una hiedra o tal vez, ¿por qué no?, un rosal de espinas y púrpura.

Sib tibi terra levis(*) - Que la tierra os sea leve, palabras.

sit tibi terra levis


* Antes de que los cristianos se empeñasen en hacernos descansar en paz, esto es lo que Roma pedía a la tierra para aquellos que le abandonaban.

Imagen de la "cerradura" cortesía de Vanya

Febrero 10, 2004

A raiz de la polémica que se ha montado en los USA por un pecho de nada, me he sumado a la convocatoria de Ideasapiens de mostrar nuestro pecho en señal de protesta, por los siguientes motivos:

  • Porque un simple pecho está sirviendo como excusa para reintroducir la censura, violando los derechos fundamentales de los ciudadanos en nombre de una pretendida y rancia moralidad, al igual que hace ya 2 años un atentado terrorista sirvió de excusa para que las democracias cercenasen, en menos que canta un gallo y en nombre de la seguridad, aquellas libertades que han costado siglos conseguir.
  • Porque el artículo 20.2 de nuestra Constitución prohíbe la censura previa.
  • Y, qué narices, porque la convocatoria ha despertado el exhibicionista que hay en mi (como los Frostis el tigre).


Do de pecho


"Puritanism: the haunting fear that someone, somewhere, may be happy."
-- Henry Mencken

Febrero 07, 2004

Estoy un poco tontorrón. No debería porque no tengo motivos: todo me va más o menos bien, voy sacándome la oposición y me queda tiempo para mi, y eso sin estar encerrado en un zulo incomunicado 24/7.

¿Qué más puedo pedir? Vaya chorrada de pregunta, mejor no la respondo.

En fin, el caso es que esta semana he estado ocupado, lo que me ha impedido rallarme. Y la verdad es que me han venido muy bien esas horas de estudio en la biblioteca con Elenita y Aurora, así como las sesiones de gimnasio que nos hemos metido Miguel y yo (y eso que siempre nos saltamos los últimos abdominales). Incluso las cañas con Fer en Atocha me han sentado bien.

Y es que el ocio a solas termina engendrando monstruos.

Sin embargo, esta noche he decidido quedarme en casa tranquilito, ponerme un episodio de A dos metros bajo tierra, escuchar un poquito The Postal Service mientras chateo en el messenger (por cierto, si alguien quiere añadirme, que pruebe con syal_(ponaquíunaarroba)hotmail.com) e irme a dormir pronto como los niños buenos. Por una vez.

Me quedo con una frase que he escuchado y que prometo tener en cuenta: Your heart won't heal right if you keep tearing out the sutures.

Buenas noches a todos.

Febrero 05, 2004

Me gustaría tener una de esas autoestimas de hierro que aguantan contra viento y marea desprecios y desilusiones. Ser capaz de quitarme de encima un rechazo como quien se sacude una hoja muerta prendida en la lana de un abrigo viejo.

No la tengo y a veces cosas que una persona verdaderamente madura asumiría sin pensarlo dos veces a mi me inyectan mi pequeña dosis de melancolía. Nada grave, nada que llegue a sangrar, pero sí suficiente como para humedecerme los ojos durante unos segundos.

Luego todo recupera su ritmo, sin mayor drama. Y detrás, queda ese rastro de pequeños cadáveres.