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Me gustaría tener una de esas autoestimas de hierro que aguantan contra viento y marea desprecios y desilusiones. Ser capaz de quitarme de encima un rechazo como quien se sacude una hoja muerta prendida en la lana de un abrigo viejo.

No la tengo y a veces cosas que una persona verdaderamente madura asumiría sin pensarlo dos veces a mi me inyectan mi pequeña dosis de melancolía. Nada grave, nada que llegue a sangrar, pero sí suficiente como para humedecerme los ojos durante unos segundos.

Luego todo recupera su ritmo, sin mayor drama. Y detrás, queda ese rastro de pequeños cadáveres.

Comentarios

Hmm.

Quien no te quiere, no te merece.

¿Dónde lo habré yo leído?

En todo caso, es muy cierto, pero me temo que también muy inútil, si uno se siente herido. Aunque no sangre.

E.

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