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Marzo 28, 2006

Mucho ha llovido desde que allá por noviembre de 2004 abandoné este blog a su suerte y, aunque en un primer momento había pretendido volver tal y como me despedí, a la francesa, me apetece dar ciertas explicaciones, especialmente a aquellas personas a las que, como a Baobab, les debía una respuesta.

Podríamos decir que dejé de escribir por higiene, que continué callado por miedo y que finalmente he decidido volver por gusto.

Higiene, porque el mundo virtual y el real, como el de Bastian y la Emperatriz infantil, habían convergido en uno solo y no quería convertir este blog en el vocero oficial de aquella historia que ambos creíamos interminable, especialmente cuando mi almíbar podía escocer como sal en las heridas recientes de ciertas personas a las que no quería hacer más daño.

Miedo, porque me había convertido en esclavo de mi personaje y temía no estar a la altura. Es difícil competir con un personaje de ficción, no porque el de ficción sea perfecto y el original obviamente no, sino precisamente porque es de ficción.

Pero no fue sólo el miedo lo que me mantuvo callado, también la oposición iba poco a poco comiendome el terreno y el tiempo, más a medida que el resto de mis puntos de apoyo fueron desapareciendo. “Dame un punto de apoyo y moveré el mundo”. Si mi vida de entonces fuese una película (una pista, no es una comedia romántica à la Sandra Bullock) en este punto del metraje empezaría a sonar una música insufriblemente ochentera mientras se sucederían imágenes como: Syal estudiando; soles poniéndose; estaciones sucediéndose; Syal, estudiando again, mientras juega con un lápiz en la boca; Syal exhausto, dormido sobre una pila de libros. Todo harto interesante, y algo exagerado, la verdad, pero es que me pierde una buena historia.

Digamos que al final la peli termina bien, el trabajo da sus frutos, aunque eso sí, el protagonista no se queda con el chico.

Y finalmente, gusto. Gusto porque, ¡qué coño!, le había pillado el punto a esto de escribir, pero sobre todo porque no me da la gana seguir teniendo miedo.

Marzo 09, 2006

He terminado las clases y me he acercado solito dando una vuelta a unos cines que hay cerca. Me he comprado una coca-cola, me he sentado en una sala todavía iluminada, con mucha miss y, sobre todo, mucha mrs., y me he tirado hábilmente la coca-cola encima.

Pero entonces las luces se han apagado, la realidad ha retrocedido y he comenzado a disfrutar.

Necesitaba una historia que terminasé bien, en la que los errores sean corregidos y en la que las que cosan que deben ser, sean.

Adoro la ficción.

Conclusiones: quiero un columpio, una casaca azul y... bueno, eso, un columpio.

Marzo 07, 2006

Toda búsqueda comienza con algo que se rasga. Uno no se despierta un buen día y decide cambiar la comodidad de un edredón mullidito en una mañana de enero por la afilada incertidumbre de lo desconocido. Uno no busca porque sí: busca por que está perdido, busca para encontrarse.

Tal vez sea un tornado que te haga aterrizar, casa incluida, en tierra extraña, puede que el aliento gélido de unos jinetes negros rastreando el olor de tu sangre, puede incluso que se haya dejado de soñar y Fantasía agonice mientras se disuelve; el caso es que algo irrumpe en tu vida inesperadamente y remueve los cimientos de todo aquello que dabas por seguro de tu tranquila existencia.

Cuando esto pasa, es mejor no demorar la marcha, permanecer lo menos posible sobre el firme que se resquebraja. Hay que arramplar con algunas provisiones para el camino, coger tan solo lo imprescindible y partir ligero y decidido con la primera luz del alba.

Lo más seguro es que comiences el viaje solo, al fin y al cabo es *tu* búsqueda. Son asuntos solitarios, las búsquedas.

Atravesarás caminos que no aparecen en los mapas. No hay guías turísticos. No hay un "usted está aquí". A veces ni siquiera sabrás a donde te diriges.

Tendrás que renunciar a cosas que quieres. Hacer sacrificios. El dedo anular, tus recuerdos: la inocencia. Pero ten cuidado con lo que dejas atrás para alcanzar aquello que anhelas, puede que tus deseos te sean concedidos y descubras amargo desde la cima que has sido verdugo de lo que más querías. "Each man kills the thing he loves", que decía Jeanne Moreau.

Y al final de las baldosas amarillas está tu destino. Y casi siempre descubres que en el fondo habías tenido la respuesta desde el primer momento: un nombre que se aúlla a la luna, un corazón cercado de hojalata… "Se está en casa como en ninguna parte".


Yo estoy perdido. Y aquí comienza mi búsqueda.