long story short (bueno, puede que no tan short)
Mucho ha llovido desde que allá por noviembre de 2004 abandoné este blog a su suerte y, aunque en un primer momento había pretendido volver tal y como me despedí, a la francesa, me apetece dar ciertas explicaciones, especialmente a aquellas personas a las que, como a Baobab, les debía una respuesta.
Podríamos decir que dejé de escribir por higiene, que continué callado por miedo y que finalmente he decidido volver por gusto.
Higiene, porque el mundo virtual y el real, como el de Bastian y la Emperatriz infantil, habían convergido en uno solo y no quería convertir este blog en el vocero oficial de aquella historia que ambos creíamos interminable, especialmente cuando mi almíbar podía escocer como sal en las heridas recientes de ciertas personas a las que no quería hacer más daño.
Miedo, porque me había convertido en esclavo de mi personaje y temía no estar a la altura. Es difícil competir con un personaje de ficción, no porque el de ficción sea perfecto y el original obviamente no, sino precisamente porque es de ficción.
Pero no fue sólo el miedo lo que me mantuvo callado, también la oposición iba poco a poco comiendome el terreno y el tiempo, más a medida que el resto de mis puntos de apoyo fueron desapareciendo. “Dame un punto de apoyo y moveré el mundo”. Si mi vida de entonces fuese una película (una pista, no es una comedia romántica à la Sandra Bullock) en este punto del metraje empezaría a sonar una música insufriblemente ochentera mientras se sucederían imágenes como: Syal estudiando; soles poniéndose; estaciones sucediéndose; Syal, estudiando again, mientras juega con un lápiz en la boca; Syal exhausto, dormido sobre una pila de libros. Todo harto interesante, y algo exagerado, la verdad, pero es que me pierde una buena historia.
Digamos que al final la peli termina bien, el trabajo da sus frutos, aunque eso sí, el protagonista no se queda con el chico.
Y finalmente, gusto. Gusto porque, ¡qué coño!, le había pillado el punto a esto de escribir, pero sobre todo porque no me da la gana seguir teniendo miedo.
