Bcn (segunda parte)
Me gusta Barcelona. Puede, sólo puede, que en dicha opinión haya influido ligerísimamente el hecho de que lleve aquí cosa de 30 minutos y ya haya entablado contacto visual + el oportuno giro de cabeza correspondido y estratégicamente espaciado en el tiempo con un modernillo y una clon de Reese Witherspoon de la ciudad condal.
Acaba de amanecer y todavía no hay nada que ver ni puedo descargar la mochila en el hotel, así que decido entrar en una cafetería a desayunar. Allí me doy de bruces con lo peor de Madrid, una pareja de viejos reviejos que se me atraviesan desde que les veo entrar con sus andares de señorona del Barrio de Salamanca. No paran de quejarse: que si una de las cartas está en “ruso” (por catalán), que sí el café está frío... Todo esto con esto con una falta de educación del tres y un genuino estilo JimenezLosSantos muy capitalino. ¿Por qué no declarará él un “alto el fuego permanente”?
Salgo huyendo de ambos y me empiezo a patear Barna buscando algo de aire fresco. Lo encuentro en una oronda señora con tantos años en nómina como pies de contorno de cadera que pasea de la mano de su marido mientras le explica la diferencia entre “una” tanga grande y una pequeña. Sonrío y sigo caminando.
