Batir de alas
Son casi las cinco de la mañana y yo me debato entre las sábanas como una polilla en una telaraña, presa de un pánico blanco.
Como una enfermedad tropical, que remite sin dejar secuelas aparentes para volver, más virulenta que nunca, en cualquier momento de debilidad. Que fermenta oculta en un pliegue de la piel mientras día a día va devorando silenciosamente tejidos.
Hasta que no queda nada.

