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... Nos dice una Brusseloise en Bruxelles-midi, cuando le preguntamos dónde narices está la taquilla de la estación en la que en teoría nos encontramos. Una arquitectura francamente sovietica y un disenyo laberíntico por el que Ariadne se moriría de envidia, provocan la sensación de que uno no está en realidad en el cogollo burocrático de la lechuga europea y que al cruzar cualquier esquina puedes darte de bruces con el ejercito rojo. Si anyades a eso el que la puerta en la que estamos de a un indómito lugar (como Cimmeria) llamado Puterie, te entran todavía aún más ganas de darte de golpe la vuelta por si pillas a los duendecillos cambiando el decorado.

Toda esta sensación de absurdo no hace sino despertar mi simpatía por un pueblo tan esquizofrénico. Bueno, eso y puede que también el polvo belga (no confundir con el país de fonética similar) de unas horas antes. Hasta aquí puedo leer de este tema. Tarjetita por allá!

Me voy a ir despidiendo, que ahora me llaman los Países Bajos. Deseadme suerte en mi cruzada laicatm contra los íberos que invaden estas tierras echando espumarajos por la boca y portando insignias rojigualdas en un ataque de rabia mundial.

Comentarios

pensé que lo de disenyo iba con retintín.

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