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El erizo habitaba en las colinas meridionales desde las que se puede divisar el mar. Entre rosales de rojo y espinas, coches destartalados y deconstructivismo. Mucho deconstructivismo. Adicto a la cafeína y a un buen libro.

El zorro asolaba la estepa madrileña. Deseando secretamente dejar de ser salvaje, engullía gallinas en páginas de contactos y discotecas, just in case. Devoraba cultura pop-trash y papel oficial con igual facilidad. Entre travestis, funcionarios y beatos meapilas.


El erizo y el zorro se conocieron y se enrollaron en el rellano de una escalera.

Comentarios

Estepario, pero no lobo. Sino zorro. Erizo, pero sin púas... Espero. Bestias de un bestiario desconocido.

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