La trampa del género
Aunque ya no sea de rabiosa actualidad, se me había quedado en el tintero escribir sobre las medidas que en materia de seguridad vial está tomando el bienpensante Ayuntamiento de Fuenlabrada.
La localidad madrileña de Fuenlabrada se ha tomado muy en serio el tema de la paridad entre sexos y la igualdad. Su ayuntamiento tiene previsto cambiar la mitad de las señales de tráfico y las luces de los semáforos para que en lugar de un muñequito varón sea una mujer, con falda y cola de caballo, quien avise de la indicación. La intención del ayuntamiento es reemplazar las señales dañadas por las nuevas femeninas en el plazo de un año hasta que la cifra de figuras masculinas y femeninas se igualen. «Es una forma de acabar con el sexismo que aparece en las señales de tráfico», asegura el alcalde.
No voy a tomar aquí la postura del carca disfrazado que tacha estas cosas de inventos de feministas trasnochadas (probablemente añada que con bigote y sin depilar), ni la del tecnócrata que vela por el sacrosanto control del gasto público. De hecho, voy a adoptar la postura de un feminista convencido. La mía.
Y es que me parece un error la medida de Fuenlabrada. No dudo de su buena intención, pero lejos de lograr una mayor igualdad de género creo que contribuye a grabar todavía más fuego esquemas mentales sexistas. El mero hecho de que la mujer tenga que ser representada con coleta y falda es ya bastante significativo.
Antes el muñequito era una figura antropomórfica, ahora es ya un hombre o una mujer. Es llevar el código de colores (azul y rosa), el de vestimenta (falda o pantalón) o el de los juguetes (camiones o muñecas) con los que ya nos marcan y nos indican que es ser niño y que es ser niña desde pequeños, lo que podemos y no podemos hacer por el mero hecho de haber nacido con unos u otros genitales, hasta un nuevo nivel.
La solución no es sexualizar, e intentar hacerlo de forma paritaria, todos los espacios, sino liberarnos, en la medida de lo posible, de las limitaciones del sistema sexo-género.

Comentarios
Bueno días, no sé si te dará tiempo a leer esto. Algún día, espero, seremos tan iguales que podremos ser diferentes sin problemas. Más allá del feminismo de la diferencia, y del performativo de Judith Butler, podremos aceptar la belleza de lo femenino y lo masculino sin impregnarla de valores negativos o positivos. Sencillamente, dejarla estar. Y también, por qué no, mezclándola, tomando prestados sus atributos. Abrazos mañaneros.
Publicado por: Puercoespín | Diciembre 7, 2006 12:57 PM
Estoy de acuerdo,
el muñequito no es ni hombre ni mujer, ni siquiera es humano!
Besos,
ana
Publicado por: Ana | Diciembre 13, 2006 01:58 PM
ojito con los juguetes!
Lego made me gay!
Publicado por: Jose | Diciembre 22, 2006 05:35 PM