La negación no existe.
Alemania preside la Unión Europea y Ángela se propone conseguir que la negación del holocausto sea perseguida como delito en todos los países de la UE.
Pretende la Merkel, por nobles que sean sus motivaciones, extender la anomalía del delito de expresión como una mancha por toda Europa, cuando el Derecho penal únicamente debería castigar la expresión cuando ésta incita directamente a atentar contra un bien jurídico material. Nada en contra de la tipificación penal de la apología del delito, siempre que por apología no entendamos una mera opinión, sino un fomento e incitación directa a cometer un delito. (Y no me hagáis hablar de la Ley de partidos...)
La idea produce además diversos daños colaterales.
Por un lado, eleva el Holocausto per se al Olimpo de los crímenes contra la humanidad, no de forma abstracta por las violaciones de derechos humanos que supuso. Esta idea de la unicidad del holocausto supone negar a priori la mera posibilidad de que se haya dado o pueda darse en el futuro un crimen similar, con el consiguiente agravio comparativo. Víctimas de primera y de segunda, vamos.
Por otro lado, se olvida interesadamente a los otros perseguidos en el holocausto: gitanos, homosexuales, discapacitados, prostitutas y vagabundos, entre otros.
Por último, resucita la abominación de la verdad de Estado. Cuando la verdad se legisla es que probablemente sea mentira. La verdad no se defiende con leyes penales sino con ideas y debate público.
Y es que el sentimiento de culpa no pare leyes más justas, igual que el ser víctima no te hace más digno.
