¿Qué mejor aclarado para un lavado de la mala conciencia pasada que unas mini vacaciones en Torrevieja, destino preferido de los concursantes del Un, dos, tres, eh?
Y es que no hay nada como una ventisca de caspa levantina para poner las cosas mentalmente en su lugar y quedarse más a gusto que un arbusto.
Así, mientras bailábamos Europa (Aaaaaaariaaaaaa de amoooooooor) en un tugurio de los chungos, chungos, yo cada vez me iba sintiendo mejor conmigo pispo.
Mientras una Kylie Borrocatm cargadísima de complementos se contoneaba como una posesa atrayendo a un ejército de exorcistas vaticanos, yo sonreía feliz por tener el miedo justo al futuro (Astrud dixit).
Y cuando la madre cuarentona de la choni family (no confundir con la Kelly familly) compuesta por la choni mother, la fat choni y la choniest intentaba que nos llevásemos al cuarto oscuro al amigo de sus hijas que aparentaba sólo 15 primaveras, pero más rodaje que la furgoneta del Equipo A, el paroxismo alcanzó cotas estratosféricas.
En fin, me declaro fan de todas ellas y haré méritos para, algún día, yo también merecerme ese determinante delante del nombre.