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Eleanor Roosevelt decía que una mujer es como una bolsa de té, no se sabe de verdad lo fuerte que es hasta que no se mete en agua caliente. E igual que las mujeres, los hombres.

Es bajo la luz roja de las crisis cuando se revelan los negativos del pasado, y los haluros de plata bailan la verdad.

Los chicos asustados se despiertan, a su pesar, hombres; los que llamábamos héroes huyen y caen en desgracia; las lealtades se descubren, algunas alianzas se forjan de nuevo, otras se deshacen tras un silencio culpable. Silencios como puñales.

Y se hacen las cosas porque se tienen que hacer. La debilidad es un lujo. Puños cerrados. Ninguna mirada atrás.

Y una mañana, exhausto, cuando te crees incapaz de cabalgar solo un segundo más, la tormenta ha terminado. Huele a tierra mojada y el aire tiene la nitidez de lo que acaba de nacer.

Y el mundo ha cambiado para siempre.

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